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Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y María Santísima del Mayor Dolor

fundada en Cádiz en 1894
escudo
 
 

Ante el Cristo de la Buena Muerte

Para mis hermanos todos en la Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte de Cádiz.

PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL©
Todos los derechos reservados
Propiedad de la Cofradía del Stmo. Cristo de la Buena Muerte y María Stma. del Mayor Dolor de Cádiz.

¡Cristo de la Buena Muerte,
el de la faz amorosa,
tronchada como una rosa,
sobre el blanco cuerpo inerte
que en el madero reposa!

¿Quién pudo de tal manera
darte esta noble y severa
majestad llena de calma?
No fue una mano, fue un alma
la que talló tu madera.

Fue, Señor, que el que tallaba
tu figura, con tal celo
y con tal ansía te amaba,
que, a fuerza de amor, llevaba
dentro del alma el modelo.

Fue que al tallarte sentía
una ansia tan verdadera
que en arrobos le sumía,
y cuajaba en la madera
lo que en arrobos veía.

Fue que ese rostro, Señor,
y esa ternura al tallarte,
y esa expresión de dolor,
más que milagros del arte
fueron milagros de amor.

Fue, en fin, que ya no pudieron
sus manos llegar a tanto,
y desmayadas cayeron…
¡y los ángeles te hicieron
con sus manos, mientras tanto!

Por eso a tus pies postrado;
por tus dolores herido
de un dolor desconsolado;
ante tu imagen vencido
y ante tu Cruz humillado;

Siento unas ansias fogosas
de abrazarte y bendecirte,
ya ante tus plantas piadosas,
quiero decirte mil cosas
que no sé como decirte…

¡Frente que herida de amor
te rindes de sufrimientos
sobre el pecho del Señor,
como los lirios que en flor
tronchan, al paso, los vientos!

¡Brazos rígidos y yertos,
por tres garfios traspasados,
que aquí estáis, por mis pecados,
para recibirme, abiertos,
para esperarme, clavados!

¡Cuerpo llagado de amores!
Yo te adoro y yo te sigo;
yo, Señor de los señores,
quiero partir tus dolores
subiendo a la Cruz contigo.

Quiero en la vida seguirte,
y por tus caminos irte
alabando y bendiciendo,
y bendecirte sufriendo,
y muriendo, bendecirte.

Quiero, Señor, en tu encanto
tener mis sentidos presos,
y, unido a tu cuerpo santo,
mojar tu rostro con llanto,
secar tu llanto con besos.

Quiero, en santo desvarío,
besando tu rostro frío,
besando tu rostro inerte,
llamarte mil veces “mío”…
¡Cristo de la Buena Muerte!.

Y Tú, rey de las bondades
que mueres por tu bondad,
muéstrame con claridad
la Verdad de las verdades
que es sobre toda verdad.

Que mi alma en Ti prisionera,
vaya fuera de su centro
por la vida bullanguera;
que no le lleguen adentro
las algazaras de fuera;

Que no ame la poquedad
de cosas que van y vienen;
que adore la austeridad
de estos sentires que tienen
sabores de eternidad.

Que no turbe mi consciencia
la opinión del mundo necio;
que aprenda, Señor, la ciencia
de ver con la indiferencia
la adulación y el desprecio.

Que sienta una dulce herida
de ansia de amor desmedida;
que ame tu Ciencia y tu Luz;
que vaya, en fin, por la vida
como Tú estás en la Cruz:

De sangre los pies cubiertos,
llagadas de amor las manos,
los ojos al mundo muertos,
y los dos brazo abiertos
para todos mis hermanos.

Señor: aunque no merezco
que Tú escuches mi quejido;
por la muerte que has sufrido,
escucha lo que te ofrezco
y escucha lo que te pido.

A ofrecerte, Señor, vengo
mi ser, mi vida, mi amor;
mi alegría, mi dolor;
cuanto puedo y cuanto tengo;
cuanto me has dado, Señor.

Y a cambio de este alma llena
de amor que vengo a ofrecerte,
dame una vida serena
y una muerte santa y buena…
¡Cristo de la Buena Muerte!

JOSÉ MARÍA PEMÁN
Viernes Santo de 1923.

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