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Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y María Santísima del Mayor Dolor

fundada en Cádiz en 1894
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¿"La procesión va por dentro"?

Cádiz 24 de abril de 2011

La frasecita “la procesión va por dentro” me ha venido a la mente, pensando en la cantidad de procesiones que han tenido que suspenderse esta Semana Santa. Y es que la expresión, efectivamente, parece que en su origen se refiere a la antigua costumbre de realizar las procesiones en el claustro del templo, bajo cubierto, los días de lluvia. Los oficios no dejaban de realizarse, aunque de manera menos vistosa, sin la pompa de las procesiones públicas. Entonces los cofrades mostraban la alegría propia de la celebración. “Por dentro” se sentían contrariados, pero no dejaban que esa tristeza se reflejase en su cara: “La procesión iba por dentro”.

Pues, señores, ni el contenido ni la intención original ni el tono de la frase tienen que ver con lo que yo vi anoche. El teléfono de casa echaba humo a las ocho de la tarde, a las nueve, a las diez…: “Perdone ¿sale la procesión de la Buena
Muerte?”. “Disculpe, ¿va a salir por fin la procesión?”. “Buenas tardes y perdone: ¿Está prevista la salida de la procesión?”…Y la procesión no salió. Las previsiones meteorológicas y el mimo que le derrochan estos Hermanos a sus imágenes, así lo decidieron.

¡La procesión del silencio! ¡El Cristo de la Buena Muerte, una de las obras cumbres de la escultura española del siglo XVII! No salió. Ni salió la Virgen que lo acompaña, la Virgen del Mayor Dolor. Se quedaron en el templo. Las imágenes y sus fieles. Más de 300 fieles de todas las edades, jóvenes y menos jóvenes, con sus hábitos, sus capirotes bajo el brazo, muchos descalzos. Todo como si fueran a procesionar. Los acólitos con sus ciriales. La capilla musical, que esta procesión no lleva bandas. Los cargadores, que así se llaman aquí. Todos en el templo. Sin gestos ni lágrimas que serían más que legítimas. Recibiendo la noticia con sumisión, con seriedad. En un silencio impresionante, pleno, denso. Así más de hora y media en intensa oración. Recordando la muerte de Jesús. Se le hace a uno el nudo en la garganta viendo gente así.

Se cerraron las puertas de la iglesia. Fuera, en la calle, se oía el murmullo de la gente: la masa de gente que enmudece cada Viernes Santo, cuando se abre la puerta de San Agustín y contempla a su Cristo y a su Virgen. Esta noche se fue apagando el murmullo de la calle cuando empezaron a oírse sólo los padrenuestros de los Hermanos.

¡Qué bien lo sabría expresar hoy don José María Pemán! “Cristo de la Buena Muerte / el de la faz amorosa / tronchada como una rosa, / sobre el blanco cuerpo inerte / que en el madero reposa /…Que no ame la poquedad / de cosas que van y vienen; / que adore la austeridad / de estos sentires que tienen / sabores de eternidad”.

Eso es lo que me dejó la noche: austeridad y sabor de eternidad. Han salido los Hermanos de la Iglesia también en silencio. Esto se llama piedad popular, la religión del pueblo, sus adentros. Refleja la sed de Dios que sólo los sencillos pueden conocer; la fe, la devoción, la generosidad, el sacrificio, el sentido de la cruz.

Gracias, queridos hermanos y hermanas. Habéis dado una profunda lección.

P. José Manuel Morales, agustino