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Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y María Santísima del Mayor Dolor

fundada en Cádiz en 1894
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Primer año de hermano cargador

Este año cumplí uno de mis sueños desde pequeño, ser cargador del “Santísimo Cristo de la Buena Muerte”.

Aun recuerdo cuando allá en mitad de la Cuaresma, nuestro hermano también cargador, Juan José Calvo, me comento la posibilidad de realizar la estación de penitencia en la santa iglesia catedral portando al “Santísimo Cristo de la Buena Muerte” cosa que no dudé ni un segundo en contestar afirmativamente.

Me invitó a ir a una primera toma de contacto con el capataz, nuestro amigo Pablo, y así que nos conociéramos también. En esa primera reunión me llevé una grata sorpresa al ver la unión y el compromiso existente en el seno de la cuadrilla, en donde fui muy bien recibido pro todos los compañeros y por nuestro capataz. Desde aquel primer momento estaba convencido que no me defraudaría la estación de penitencia del venidero Viernes Santo.

Así, entre reuniones y ensayos me fui metiendo dentro de la gran familia de hermano que componen los cargadores del “Santísimo Cristo”.

Después de varias reuniones y ensayos fui a visitar a la parroquia al “Santísimo Cristo” para pedirle que me ayudara en todo lo que pudiera para poder portarlo sobre mis hombros tan bien como El se merece y de paso contarle lo que me hizo aceptar el pertenecer a su cuadrilla.

Recuerdo cuando era niño siempre me llamó la atención esta bendita imagen, casi igual que a todos los niños cuando lo ven por las calles de Cádiz.

“Papá, ¿por qué apagan las luces de las calles cuando pasa esta cofradía?”- le preguntaba yo a mi padre año tras año- “hijo, esto lo hacen en señal de duelo y respeto, porque el Señor va muerto”

Yo no quitaba mí vista ante tan bello crucificado y desde entonces soñaba con algún día ser cargador de El.

Este año cumplí mi sueño, el pasado viernes santo, tuve el honor y el privilegio de llevarlo a hombro por las calles de Cádiz.

Esa tarde el nerviosismo típico de la salida se apodero de mi y deseaba como nada en el mundo que dieran ya las 21:45 de la noche para poder meterme bajo su paso y llevarlo lo mejor que El se merece.

Por fin llego el ansiado momento, Pablo nuestro capataz mando la primera “levantà” y se fueron todos esos nervios que me comían toda la tarde.

Silencio, eso era lo que se escucho por todo el recorrido. Un silencio solo roto por el leve sonido de las horquillas y muchas saetas que le hacían en distintos puntos en forma de oración.

En cada parada, una oración que yo hacia en particular por las cosas que se suelen pedir a Dios en los momentos mas íntimos: la familia, el paro, el hambre, por mi, por mis compañeros… todas esas cosas que se suelen pedir cuando estas en la intimidad con Dios.

Así, poquito a poco, fue pasando la noche casi sin darme cuenta, pero disfrutando cada momento por poder portar a Nuestro Señor.

Esa noche viví cosas muy bonitas y muy intensas, cosas que solo se pueden contar viviéndolas, sintiéndolas en cada paso que das con el Señor en lo más profundo del alma de cualquier creyente, cosas que cada persona, seguro que las vive para él mismo.

Desde estas humildes letras quiero agradecer a todos mis hermanos cargadores por el orgullo de poder cumplir un sueño y en especial a Pablo, nuestro capataz.

Ramón José Vallejo Ambite