título
Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y María Santísima del Mayor Dolor

fundada en Cádiz en 1894
escudo
 
 

La intimidad del Hermano Cargador

Cada tarde-noche de Viernes Santo podrás encontrar más de 40 rostros uniformados con camiseta blanca en la calle Rosario. Más de 40 caras y a la vez más de 40 intimidades diferentes. Muchas sonrisas nerviosas y miradas inquietas en el patio del instituto antes de convertirse en miradas llenas de responsabilidad, de sentimientos y casi perdidas en algún punto del interior de la Iglesia de San Agustín. Todas ellas terminadas en un mismo punto, el Santísimo Cristo de la Buena Muerte.

Ahí empieza la intimidad del hermano cargador. Cuando el silencio definitivamente se instala en el interior de la Iglesia con unas luces apagadas que hacen que los antifaces de los capirotes cubran los rostros de los hermanos de fila a la espera de escuchar la llamada a las puertas para que, una vez abiertas, por el dintel del templo entre un “¡¡Ohhh!!”. Un “¡¡Ohhh !!” de admiración de un pueblo que se agolpa en la plaza para ver, para sentir…. y por qué no, para escuchar al Silencio.

Y mientras tanto, el hermano cargador se encuentra sumido en su intimidad, sólo rota por las órdenes del capataz. Unas órdenes que ejecutará con el mayor de los mimos para poner en la calle al Hijo de Dios muerto en una Cruz…. porque así estaba escrito. Y así se muestra. Con el contraste de un calvario de corcho que recuerda a la arena de aquel monte y el color blanco de un pequeño manojo de flores que recuerda la Redención, el significado de todo cuanto aconteció.

Así, por una oscura calle San Francisco, la luz de los cirios apoyados al cuadril de los hermanos que hacen Protestación de su fe, sirven de guía para el capataz que dirige los designios de más de 40 corazones íntimos encerrados en el interior de unas andas que sirven de altar para El Hijo, El Hombre.

Hermanos cargadores que se convierten por una noche en amanuenses callejeros del final de un Evangelio en el que para ellos, al igual que para todos los creyentes, el final es el principio.

Y bajo esas andas… sentimientos. Plegarias, agradecimientos, repaso de un año, deseos de una vida. Conversación silenciosa con quien nos enseña el Camino. Casi cinco horas de conexión íntima con quien nos escucha sin condición, sólo por ser, al igual que Él, hijos de Dios. Casi cinco horas de tener el orgullo silencioso de haber sido uno de los privilegiados de ir bajo sus pies. Una Protestación de fe silenciosa sólo rota por la oración de cada parada. Una oración que al pueblo que la escucha le recuerda…. “Hágase tu voluntad…… y líbranos del mal”.

Fdo: Mauricio García